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Esta emergencia no tiene precedentes;

sin embargo, Panamá ha encarado

graves crisis pasadas con éxito.

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© ¡YA ES YA! / Haru Castro Martínez

LA IMPORTANCIA DE ACTUAR

Ningún logro de la humanidad se ha alcanzado con los brazos cruzados. En ese sentido, a lo largo de su historia Panamá ha enfrentado gravísimas crisis sociales, ambientales y de derechos humanos y ha sabido salir adelante.

 

El primer poblado de africanos y afro-descendientes libres de las Américas reconocido por la corona española, la villa de Santiago del Príncipe, fue fundado en Panamá en 1579 gracias a las luchas de Don Luis de Mozambique y sus soldados cimarrones, quienes enfrentaron con éxito las fuerzas del imperio español. ¡A 87 años del “descubrimiento” de América!

 

Junto con Colombia, Panamá fue la quinta región hispanoamericana en abolir la esclavitud en 1851, catorce años antes que los Estados Unidos de América.

 

A partir de la Revolución Guna de 1925, el pueblo indígena guna logra el respeto estatal a su idioma y su cultura y finalmente el reconocimiento oficial de su autonomía y su comarca en 1938, siendo ésta, la Comarca de Gunayala, la primera región autónoma establecida por un pueblo indígena en América Latina.

 

Las mujeres panameñas logran el derecho al voto en 1946, luego de casi tres décadas de fuertes y constantes luchas y desobediencia civil plagadas de insultos y ofensas en su contra.

 

Panamá logra el fin de la ocupación militar de EEUU y el inicio de la devolución de la llamada Zona del Canal en 1977, luego de décadas de luchas y desobediencia civil de todos los sectores sociales, cuyo cénit ocurrió el 9 de enero de 1964, y que fueron finalmente asumidas por el Estado panameño. En otras palabras, una diminuta nación, Panamá, venció a la mayor potencia militar de aquel momento.

 

En 1979, con el apoyo de científicos sociales y naturales de Panamá y luego de de cabildeo, el Dr. Monte Lloyd de la Universidad de Chicago convence al gobierno panameño de proteger y mantener los bosques a lo largo del Canal de Panamá en lugar de industrializarlos, para salvaguardar la flora y fauna de los mismos y así las operaciones del Canal.

 

Hoy por hoy, Panamá es el tercer país en el mundo con menor prevalencia en el consumo del tabaco (con solo 5%), y el primero en las Américas, continente de donde origina el tabaco y su consumo. Esto nos convierte en un referente para el mundo entero, por lo que brindamos asistencia técnica internacional. Ello, gracias a más de veinte años de y de esfuerzos de la Comisión Nacional de Control de Tabaco, que enfrentó una prevalencia de 38% en 1983.

 

A mediados de los años 80, ante el fenómeno de El Niño de 1982 que restringió el uso del Canal de Panamá y nos forzó a redirigir los barcos de mayor calado al estrecho de Magallanes, el Grupo de Trabajo de la Cuenca del Canal, bajo el liderazgo del Dr. Stanley Heckadon Moreno, logró salvaguardar la cuenca del río Chagres y demás ríos que fluyen al Canal y asegurar así las operaciones de la vía acuática.

 

Todos estos logros requirieron compromiso, acciones y activismo para lograr voluntad política y así realizar grandes cambios para Panamá y el mundo.

 

Además, ya hemos intentado todo lo demás: reciclaje, compras conscientes, botar la basura en su lugar, apagar el foquito, medir huella de carbono en lugar de la del Estado y empresa privada… pero han resultado ser gotas sobre una piedra caliente. Los Estados del mundo no actúan; peor aún, el gobierno panameño desperdicia la autoridad moral obtenida en la COP26 y sigue avalando contradicciones como la minería a cielo abierto.

 

La única forma de defendernos es demandar el cumplimiento del contrato social por parte del Estado y del sector privado con acciones contundentes. La desobediencia civil ha funcionado en el pasado, y según la teoría de la desobediencia civil necesitamos el compromiso claro de menos del 5% de la población. ¡Pero YA! ¡YA ES YA!